La docta ignorancia
Buscaba una excusa adecuada para no saber. A cierta edad uno empieza a sospechar que la erudición es solo otra forma de disfrazarse. Cayó entre mis manos La docta ignorancia de Nicolás de Cusa. No recordaba que ese cardenal del siglo XV me hubiese estado enviando postales desde el borde mismo de lo incomprensible: “saber es saber que no sabes”. Leyendo sus páginas, sentí algo parecido al vértigo que experimentamos algunos cuando descubrimos que nuestra biblioteca mental está agujereada como un queso suizo, y que los volúmenes que creíamos tener bien ordenados se escapan, se evaporan y se ríen de nosotros por lo bajo. Porque Cusa percibía la sombra finita de lo infinito. Por eso afirmaba que cuanto más nos aproximamos al conocimiento, más palpable se vuelve esa niebla que se interpone entre la verdad y la vida. Yo, que nunca he sido especialmente hábil para retener definiciones, me encontré celebrando esa niebla, como si en ella pudiera esconderme de las exigencias del mundo. En ca...













