El arte de no figurar
Hace tiempo decidí no ser nadie. No lo decidí de golpe. Robert Walser paseaba durante horas y volvía a su cuarto sin haber hablado con nadie, sin que nadie hubiera reparado en él, y anotaba después en una letra microscópica las sombras que había visto moverse sobre la nieve. Walser no producía nada que el siglo pudiera admirar de inmediato; producía, como mucho, la prueba de que un hombre puede pasarse la vida entera mirando sin que ese mirar figure. Acabó sus días en un manicomio de Herisau, dando paseos también allí, y cuando le preguntaron si escribía respondió que no había venido a escribir. Yo sospecho que en realidad había venido a lo mismo que Baudelaire inventó en las calles de París, a la contemplación pura, a ese estado en el que uno deja de perseguir algo y simplemente se deja atravesar por lo que hay. El flâneur de Baudelaire no iba a ninguna parte, y ese no ir a ninguna parte era su única forma de estar. Caminaba entre la multitud sin pertenecer a ella, observando el modo...













