Armonía-7
La ciudad se llamaba Armonía-7, aunque ya nadie recordaba quién la había bautizado ni por qué seguían existiendo nombres para las ciudades. Las antiguas urbes habían tenido fronteras, barrios, pobreza, conflictos y ruido. Armonía-7 era una extensión luminosa de jardines verticales, edificios translúcidos y avenidas silenciosas por las que nadie parecía tener prisa. No existían los semáforos, no había accidentes. No había policía porque no existían delitos. No había hospitales porque la enfermedad era un recuerdo histórico. Y, sobre todo, no había tristeza. Todo aquello era posible gracias a Núcleo: la inteligencia artificial central que gobernaba cada proceso de la ciudad y de las vidas humanas. Núcleo regulaba el clima, la energía, la alimentación, la reproducción y la armonía social. También administraba algo más importante: el equilibrio interior de las personas. Cada ciudadano tomaba, al despertar, una secuencia precisa de cápsulas. Una para la estabilidad emocional. Otra para el v...













