No tengo ningún temor por mi suerte. Papini.
Buscaba la tranquilidad del ánimo en los filósofos, el goce del corazón en los poetas. Epicuro me había liberado del terror a los dioses. Antístenes, del miedo a los hombres. Naturaleza y literatura bastaban para mis placeres. Todo el mundo era maravilloso. Cada salida del sol, un descubrimiento. Cada tempestad del mar, una fiesta. Todo canto de pájaro, toda belleza del prado o de la selva. Me deleitaba escribiendo versos y pensamientos. Tenía pocos amigos. Las alegrías del cuerpo eran inestimables, pero todavía más vivas eran las del espíritu. No solo viví en la perpetua alegría de los sentidos, sino más aún en el éxtasis de la mente. El descubrimiento de un nuevo poeta, de una verdad insospechada, de un nuevo maestro, de un nuevo amigo, de un problema nuevo, de una nueva fantasía, de toda nueva belleza de lo creado y del arte fueron para mí inauditos excesos de felicidad añadidos a una suma de felicidades. Y en cuanto al dolor... Todos los poetas han afirmado las divinas virtudes del...













