Yo no soy yo mismo
No hay silencio. Incluso cuando callo, algo habla en mí con una voz aprendida, un eco de otros, de los muertos, de los libros que no recuerdo haber leído pero que me piensan desde dentro. La primera vez que creí ser “yo mismo” tenía quince años. Cerré la puerta de mi cuarto, apagué las luces y me senté en la cama, convencido de que en la oscuridad, sin estímulos, aparecería una especie de núcleo limpio, una chispa pura de conciencia. Esperé. Al principio llegaron recuerdos del colegio, luego la cara de mi madre, después el miedo al futuro, el olor de la mochila. Y en el fondo de todo, un murmullo, palabras que no eran mías, frases hechas, consignas, dogmas suaves. Nunca apareció el cristal transparente que buscaba. Lo único que encontré fue un ruido estructurado lleno de historia, familia, idioma, tiempo. Ahora entiendo que aquel fracaso era ya una respuesta. No existe el cuarto vacío. Entro en cualquier habitación y antes de encender la luz ya me preceden fantasmas. La conciencia no e...













