Diario de nadie
Me llamo… o me llamaba. Ya no estoy seguro. El nombre se me escapa como agua entre los dedos cuando intento retenerlo. Antes tenía uno, estoy casi convencido. Lo pronunciaba en voz alta cada mañana, solo para oír una voz humana, aunque fuera la mía. Pero un día dejé de hacerlo. Y luego dejé de recordarlo. Vivo en una cabaña de madera que construí yo mismo hace años, en lo profundo del bosque, donde ni los caminos de leñadores llegan. Huí del ruido, de las miradas, de las conversaciones vacías. Quería silencio y lo conseguí. Al principio fue un placer. Despertaba, cortaba leña, pescaba en el arroyo, leía los mismos tres libros hasta que las páginas se desprendieron. El mundo exterior se convirtió en un rumor lejano, casi imaginario. Los meses se volvieron años. O tal vez fueron solo semanas. Ya no tengo calendario. Marqué rayas en la pared durante un tiempo, pero un invierno la humedad las borró y no volví a empezar. ¿Para qué? Los días son todos el mismo día. Empecé a hablar menos. Pri...













