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Nietzsche: el superhombre débil

Toda literatura, toda vida, es una forma estilística de impostura. Nietzsche, pobre diablo, lo entendió mejor que nadie, con migrañas y facturas de hotel sin pagar. El filósofo que aspiraba a Superhombre era uno que escribía cartas como un convaleciente quejumbroso. Uno ya no sabe muy bien dónde termina el autor y dónde empieza el personaje que finge ser autor.  Nietzsche, en sus libros, era un martillo, un profeta eremítico, un sí a la vida incluso cuando la vida le devolvía un no rotundo en forma de vómitos y soledad. Zaratustra bajaba de la montaña con paso decidido; Friedrich, en cambio, subía penosamente a trenes de tercera clase buscando un clima que no le destrozara la cabeza. En Así habló Zaratustra hay seguridad propia de gurú; en sus cartas hay quejas sobre el tiempo, sobre el estómago, sobre la estupidez de los alemanes y la traición de los amigos. Un superhombre epistolarmente débil e hipocondríaco.  Magnífico. Me gusta imaginarlo en Sils-Maria, escribiendo de dí...

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