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El hombre que ... a la verdad

  Caminas entre libros, debates y nombres que han intentado, durante siglos, fijar algo que siempre parece escaparse: la verdad. Te han enseñado que la filosofía buscaba fundamentos sólidos, universales, casi eternos. Pero entonces aparece Rorty.   Lo escuchas, lo lees decir que tal vez no haya nada que descubrir en ese sentido profundo y definitivo. Que la verdad no es una roca firme bajo tus pies. Que es algo más parecido a una conversación en marcha. Y entiendes por qué muchos lo llamaron, casi con temor, “el hombre que mató la verdad”. Pero pronto sospechas que esa acusación es demasiado simple, casi una caricatura. Te detienes en la idea, más incómoda, de la contingencia. Comprendes que no estás sostenido por esencias universales, que ni tus valores, ni tu identidad, ni siquiera tu lenguaje son necesarios o inevitables. Son el resultado de historias, accidentes, herencias culturales. Podrían haber sido otros. Podrías haber sido otro. Esa idea inquieta. Porque si no h...

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