La señal de Atacama
Durante un tiempo se creyó que la señal captada en Atacama no era más que ruido, un ruido sofisticado, eso sí, un ruido digno de un paper . El doctor Adrián Valcárcel, cuyo nombre hasta entonces apenas circulaba fuera de círculos discretamente obsesivos como son los de los lingüistas de lenguas muertas, programadores de lo intraducible, fue invitado a opinar más por cortesía que por convicción. En estos casos siempre hay alguien que insiste en ver estructura donde los demás ven interferencia. A veces aciertan. Casi nunca conviene escucharlos demasiado pronto. —No parece un mensaje —dijo—. Estamos buscando algo que se parezca a nosotros. La frase, como tantas otras que luego adquieren una gravedad retrospectiva, pasó casi desapercibida. Tres semanas después, ya no. Lo que inquietaba no era la complejidad de la señal. Lo raro era su negativa a organizarse como secuencia. No avanzaba, no se desplegaba, no “decía” nada en el sentido en que esperamos que algo diga algo. Era, más bien, ...













