Después de los extremos
Al principio nadie lo llamó purga. Se hablaba de equilibrio, de corrección estadística, de higiene social. Yo mismo, que entonces aún confiaba en los nombres, repetía esas palabras como si contuvieran una lógica suficiente para justificar lo que empezaba a ocurrir. Decían que los de abajo distorsionaban la media. Eran demasiado torpes, demasiado improductivos, demasiado visibles en su fracaso. Se les fue retirando, primero simbólicamente, de los registros, de los espacios públicos, y después físicamente. Desaparecieron sin ruido. Recuerdo no haber sentido alivio. El sistema funcionaba mejor, es cierto. Las cifras mejoraban. La curva se estabilizaba. Nadie lo decía en voz alta, pero todos entendíamos que habíamos ganado cierta claridad... Era más fácil pensar en un mundo sin extremos inferiores. Pero la música duró poco. Cuando los de abajo ya no estaban, cuando la mediocridad parecía por fin rodeada solo de sí misma, alguien señaló hacia arriba. Fue algo administrativo. Los de arriba, ...













