Banquete Poscolonial, de Omar Jerez: la carne del perdón
En un rincón de México, donde el aire huele a maíz y a autolesiones que no cicatrizan, Omar Jerez, hace un arte sutil. Se define como anticomunista y antifascista y deplora el arte infantiloide y activista del wokismo. En este rincón montó su performance, un dardo envenenado, un gesto irónico que desgarra el velo de la ironía y el sarcasmo. Jerez, junto a su inseparable Julia Martínez, orquestó un acto que mezcla la antropología, el desafío y una dosis notable de simbolismo. Ofrecieron a cinco ciudadanos mexicanos lo que parecía un pozole , ese guiso de raíz prehispánica hecho de maíz, verduras y carne de cerdo. Jerez no es artista solo, aquí ejerció de arqueólogo de las heridas que no cierran. Banquete poscolonial no es una performance para ser contemplada desde la distancia segura de un museo. Es un puñetazo en el estómago, una invitación a comer del pasado para digerir tus propios horrores. Los participantes, mexicanos que en un video de 35 minutos exigían a España un pe...













