Votasteis gestos; tenéis gestos. Menos mal.
«Votasteis gestos; tenéis gestos». El gesto no era una promesa: era el cumplimiento de la promesa. Y menos mal. He procurado distinguir entre los actos y los gestos. No es fácil. Un gesto es un acto al que se le ha retirado el peso de sus consecuencias: la apariencia de una decisión sin la obligación de padecerla. En política, la representación de la voluntad acaba, a veces, sustituyéndola. Se representa tanto lo que se quiere hacer que termina pareciendo innecesario hacerlo. Los gestos también importan. Una democracia necesita símbolos, ceremonias, palabras capaces de condensar una época en un instante. Pero hubo un tiempo en que las personas votaban programas. Después empezaron a votar identidades. Y, finalmente, llegaron a votar algo más sencillo y más poderoso, con la sensación de estar votando contra algo. «Y menos mal». No porque los gestos fueran inocentes, sino porque siempre queda la posibilidad de que detrás de ellos se esconda algo peor. La política simbólic...













