Ir al contenido principal

Entradas

Última publicación

Mi hermana y yo. ¿Nietzsche?

  Mi madre —a quien cada día he odiado más intensamente desde mi niñez— estaba muerta. A Strindberg le gusta atormentar. Es un atormentador nato. Me atormenta a mí y al mundo, pero sobre todo se atormenta a sí mismo. El libro de mi infancia fue la Biblia. La conversación, considerada como discurso entre dos personas, es inevitablemente imposible de alcanzar por ninguna mujer. Mis ojos empezaron a dolerme. Sufría violentos dolores de cabeza. El wagnerianismo, del que me contaminé a los diecisiete años, es una peste. Todavía estoy huyendo. ¿De quién, de qué estoy huyendo ahora? Creí haber despejado todas las dudas cuando terminé de escribir Ecce Homo . Tan mal visto por mi familia y se impide su publicación. Decidí confiar estas notas a un vecino. Me ahogo en el sofocante vacío de la vejez, sin amor, sin vida, sin el canto de las «sirenas» que me devuelva a mi ser vital. Escribí el quinto evangelio de Zaratustra. Ariadna, ¡os amo! Cósima. He amado la vida apasionadamente, pero nunca ...

Entradas más recientes

Lejos de mí

La alucinación de Spinoza

Una teoría optimista del pesimismo

Circe y los cerdos

Después de los extremos

Liberales

Los milistas del arte

El lector practica la valentía anticipando su cobardía

La Cuenta de Conocimiento Acumulativo

Esquizo

La imitación constituyente

Soledad, de Anthony Storr

El derecho a no haber sido

Verdad y contemplación