Ir al contenido principal

Entradas

Última publicación

El bulverismo me ataca despiadamente

El debate actual trata de diagnósticos morales, no es de ideas. La interpretación psicológica del otro es la confesión involuntaria de nuestra pereza lógica. Leo a C. S. Lewis y reconozco, con incomodidad, el vicio que denuncia. A veces, no refuto, diagnostico. Me descubro menos amante de la verdad que de mi propia lucidez aparente. Nada es tan sencillo como explicar al otro. El prejuicio disfrazado de análisis es la más refinada forma de ignorancia. No niego que el alma tenga heridas ni que las ideas nazcan a veces de escombros. Pero cuando convierto esa sospecha en argumento, abdico. Quien atribuye motivos evita examinar razones. Me ahorro el trabajo ingrato de pensar. He aprendido a disfrazar el prejuicio con lenguaje clínico. Todo dogma se protege atribuyendo locuras a quienes lo cuestionan. Llamo “contexto” a mi coartada. Y así, con bata invisible, declaro inválido al adversario antes de refutarlo. No dialogo, practico una autopsia prematura. El bulverismo es mi pereza elevada a m...

Entradas más recientes

La ofensa del azar: una defensa de la envidia

Elogio de la inconstancia

El miedo a la libertad

La "modayuda"

El yo como resistencia

Personas sin principios y personas sin memoria

La certeza moral: de santos a demonios

El optimismo del deseo

Mentira romántica

Tiempo prestado

No tengo ningún temor por mi suerte. Papini.

Novalis: la herida del ideal

Wilfrid Sellars: el mito de lo dado

Antes elige el silencio que las voces vacías