En los márgenes


Poco a poco, he ido viendo claro cuál es el defecto más general de nuestro tipo de formación y de educación: nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad. 

Nietzsche, Aurora


La soledad es el fondo último de la condición humana, escribe Octavio Paz, en El laberinto de la soledad. Describe la soledad como un estado primordial, anterior al lenguaje y la sociedad, que genera tanto el deseo de comunión como la imposibilidad de alcanzarla. La soledad es una forma de higiene mental. La libertad de atreverse a no encajar. Todo deseo en el fondo es un deseo de eternidad, consideraba Platón. Algunos retoman la misma idea, pero confunen la eternidad con el reconocimiento. Foucault no dice que toda influencia social sea opresiva. Solo lo es cuando define qué es lo “normal”, cuando vigila o excluye, cuando el poder se vuelve asimétrico y rígido, no deja margen de resistencia y se presenta como natural, científico o inevitable. Escribe Marco Aurelio: “Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos”. Responde Nietzsche: “Más de uno que no pudo librarse de sus propias cadenas aconseja a sus amigos sobre ello". Leo: "Comenzó luchando contra la realidad y acabó rogándole a la realidad que no lo ignorase". Qué bonita definición de dolor y tedio. Platón es interesante por sus preguntas, no tanto por sus respuestas. Hay que entender su ironía, presente en toda su obra, de que la escritura es insuficiente frente al pensamiento dialéctico vivo. Porque los que gritaban no estaban hastiados, estaban aburridos, que es la forma superficial del tedio. "He perdido mucho tiempo, pero no sé cuál exactamente", escribe Jean Dolent. A veces, la forma de perder el tiempo es la mejor forma de conocer el alma humana. Que Dios nos libre de los dioses apócrifos, clama Mairena. Que Dios nos libre de los ventrílocuos de los dioses.


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