No tengo ningún temor por mi suerte. Papini.


Buscaba la tranquilidad del ánimo en los filósofos, el goce del corazón en los poetas. Epicuro me había liberado del terror a los dioses. Antístenes, del miedo a los hombres. Naturaleza y literatura bastaban para mis placeres. Todo el mundo era maravilloso. Cada salida del sol, un descubrimiento. Cada tempestad del mar, una fiesta. Todo canto de pájaro, toda belleza del prado o de la selva. Me deleitaba escribiendo versos y pensamientos. Tenía pocos amigos. Las alegrías del cuerpo eran inestimables, pero todavía más vivas eran las del espíritu. No solo viví en la perpetua alegría de los sentidos, sino más aún en el éxtasis de la mente. El descubrimiento de un nuevo poeta, de una verdad insospechada, de un nuevo maestro, de un nuevo amigo, de un problema nuevo, de una nueva fantasía, de toda nueva belleza de lo creado y del arte fueron para mí inauditos excesos de felicidad añadidos a una suma de felicidades. Y en cuanto al dolor... Todos los poetas han afirmado las divinas virtudes del sufrimiento, las magníficas compensaciones del dolor. Pero nadie quiere pagar ese precio. Los hombres no quieren ver que son felices y esa ignorancia es su desgracia verdadera. El mismo dolor que nunca faltaba en la vida de cada hombre para mí estaba siempre acompañado y vencido por la alegría. El tormento de la enfermedad era superado por la certeza de la curación. El tormento de la duda, por la esperanza de la certeza. El temor a la muerte, por la promesa de la resurrección o de una mejor vida. El mal no podía ser más que mera ilusión. Todo en la vida que parecía desventura era estimado por mí como medio, como camino de un bien y de la fortuna cada vez más grandes. Todo mal no era para mí más que preparación o cumplimiento de un bien cada vez mayor y, por consiguiente, una forma del bien, un efímero aspecto de la alegría. En el universo creado por el amor, el punto final no podía ser más que una reconciliación perfecta, una reintegración del orden de la alegría. Por eso no tengo ningún temor por mi suerte.

[Selección del Juicio Universal, de Giovanni Papini]

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