O lo uno o lo otro


Elige y te arrepentirás. Porque el problema no solo está en tus elecciones, sino en  romantizar una vida no vivida. Siempre encontramos un camino no tomado como atractivo y misterioso. Elegir es también decidir con qué arrepentimiento vas a vivir. La tendencia a idealizar lo no vivido, que queda protegido de la fricción de la realidad, y por eso puede ser imaginado como mejor, más pleno, más auténtico. Kierkegaard lo formula en O lo uno o lo otro, donde cualquier elección implica pérdida, y esa pérdida alimenta la nostalgia de lo posible. El arrepentimiento, juzgar con unos datos lo que se decidió con otros, censura de un superyó divinizado, es inevitable. Se rompe la idea de que existe una decisión óptima. Elegir es necesariamente renunciar, y renunciar deja huella y heridas. Es un residuo de la libertad. Elegir estabilidad profesional puede generar el arrepentimiento de no haber arriesgado. Elegir riesgo puede generar el arrepentimiento de no haber asegurado una base. y aunque no toda decisideces simétricamente insatisfactoria, en la práctica, hay elecciones mejor informadas, más coherentes. Pero la disonancia no depende de ello, va por su cuenta. Porque el problema está en la idealización de la vida alternativa. Los caracteres maximizadores y ambiciosos tienden a comparar más y a cargar más con el costo emocional de no haber escogido “lo óptimo”, mientras que los caracteres más resignados y satisfechos toleran mejor la imperfección. No hay elección sin pérdida, y no hay vida sin una parte imaginaria de lo no vivido. Conviene preguntarse qué tipo de renuncia es más soportable y más fiel a tus valores. El arrepentimiento desaparece por elegir mejor y también por intentar no convertir en mito la vida que no ocurrió.

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