Merde d'Artiste




En la Antigua Grecia, especialmente en la cerámica ática de figuras negras y rojas (alrededor del 500-400 a. C.), algunos pintores y alfareros firmaban sus obras. Eran una forma de orgullo artesanal y publicidad, pero era una práctica limitada y no generalizada. Se popularizó ampliamente durante el Renacimiento. La mayoría de las obras antiguas y medievales eran anónimas. El arte se veía más como artesanía colectiva, al servicio de la religión, el patronazgo o la función devocional o decorativa, no como expresión individual del autor. En el Renacimiento, firmar se volvió más común y significativo. El artista pasó de ser visto como un artesano anónimo de gremios a un creador individual y genio creativo. A partir del Barroco, las firmas se volvieron aún más habituales, a menudo en la esquina inferior derecha, y servían como garantía de autoría y valor comercial. Por tanto, aunque hay precedentes antiguos, la firma como práctica habitual y expresión de autoría personal data principalmente del Renacimiento. Hoy sigue siendo un elemento clave de autenticidad, aunque varía según el artista y el medio.

Cualquier obra debiera subsistir por sí misma, sin necesitar la presencia del autor. Mucho me temo que la gran mayoría de obras no aguantarían su alta consideración sin el nombre del autor bien visible. Todo esto puso de manifiesto Piero Manzoni y su Merde d'Artiste enlatada en edición limitada. Obra que muestra que un simple nombre puede revalorizar hasta un maloliente excremento.  

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