Disonancia cognitiva


Acaso la realidad no sea tanto un lugar como un malentendido persistente. Uno despierta cada mañana con la vaga esperanza de que hoy, por fin, las cosas encajen, pero la realidad llega tarde, con resaca y contradiciéndose a sí misma. No es que mienta, simplemente cambia de versión sin avisar. Durante años pensé que la disonancia cognitiva era un problema psicológico, pero con el tiempo comprendí que tal vez la disonancia no está en la mente sino en el mundo; o peor aún, en la grieta exacta donde el mundo y la mente se rozan como dos frases mal traducidas. Recuerdo haber leído en algún libro que la realidad solo se vuelve soportable cuando la confundimos con una narración. De ahí nuestra manía de explicarla, de darle causas, moralejas, estructuras. Pero la realidad, cuando se observa sin argumento, produce una incomodidad semejante a la de una novela con las páginas desordenadas. Tal vez por eso hablamos de disonancia cognitiva, para no decir que lo que duele es otra cosa. Duele que la realidad no coopere con nuestras frases interiores. Duele que no confirme el personaje que creemos ser. Duele que uno se descubra actuando como un secundario en la historia que había planeado protagonizar. En ese sentido, la disonancia no sería un error del sistema, sino su música de fondo, una especie de freejazz ontológico que solo parece desafinado si uno espera una melodía cool. He pensado incluso que escribir o leer, que viene a ser lo mismo, es un intento modesto de reducir esa disonancia. Colocar palabras entre uno y lo real, no para negar la realidad, sino para volverla narrable, habitable. La realidad no discute con nuestras ideas, queda en silencio. La disonancia cognitiva es el nombre clínico de una herida metafísica universal. Pensar es descubrir que uno se miente constantemente con buena educación. Podría escribir que la realidad no se equivoca, que para ella somos objetos y no sujetos,  que la realidad nos cosifica. También que la coherencia es un lujo que solo existe antes del contacto con los hechos. Podría escribir que la conciencia no aclara, que no ilumina lo suficiente para que el desastre sea legible. Podría escribirlo, pero no es para tanto. 


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