Exploradores del eco


Borges, Pizarnik o Eliot son exploradores de la multiplicidad del yo. Como un mosaico de espejos rotos, ser todos y ninguno en el laberinto del instante. En el alma, el centro sostiene los ecos que se llaman unos a otros, astillas de una conciencia quebrada, donde el pegamento es el olvido. La identidad no se pierde, se multiplica hasta volverse invisible. El yo baila con el vacío, fingiendo ser un todo coherente. La máscara miente. Cada pedazo vive una vida paralela, piezas infinitas, imagen ausente. Soy legión, pero mi rey ha muerto. Un coro de voces que se traicionan mutuamente. El yo colapsa. Cada fragmento del alma lleva un nombre falso, un rostro prestado. El arte de ser prisionero y carcelero en la misma celda. Celebra su caos: en la dispersión, la libertad absoluta. 

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