Las ideas límite
Comte creía que las ideas límite eran puertas cerradas al final de un pasillo largo. Kant comprendió que no eran puertas, ni paredes, ni siquiera abismos, eran horizontes. Y los horizontes, como todos sabemos, tienen la mala costumbre de retroceder cuando uno camina hacia ellos. Hay quienes sostienen que el pensamiento comienza donde termina la fe. Yo diría, más modestamente, que comienza allí donde el conocimiento admite que no todo puede ser conocido. Las ideas límite —Dios, el yo, el infinito, el libre albedrío, la justicia, el bien, la causalidad, el sentido— no se dejan poseer como se posee un objeto sobre la mesa. Se resisten a la definición, se burlan del método y, sin embargo, sin ellas seríamos incapaces de preguntarnos por nada. He pasado buena parte de mi vida buscando la realidad de esas ideas como un buscador meticuloso, burocrático. Llevaba un cuaderno donde anotaba las definiciones de lo absoluto. Fue entonces, gracias a leer a Kant, cuando entendí que las ideas límite n...













