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La certeza moral: de santos a demonios

Según Kant nada hay de bueno en el mundo salvo la buena voluntad... Justo esa en cuyo nombre se cometen las mayores atrocidades. Y sin mala conciencia. Y es que la tensión entre la buena voluntad como principio moral puro y su corrupción en manos de quienes creen encarnar el bien es un filón filosófico profundo. El que se cree bueno no necesita justificarse. La buena conciencia es el refugio más seguro del fanático porque cuanto más pura la intención, más ciega es la mirada. El bien absoluto solo existe en la mente de quien no duda. La buena voluntad, cuando olvida su límite, se vuelve casi mandato divino. No hay peor tiranía que la ejercida por quien actúa “por tu bien”. El que se cree justo busca inocentes que castiguen su culpa. Incluso el demonio ama el bien… cuando lo define él. 

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