Verdad y contemplación
Este lugar no está en ninguna guía, pero todos lo conocemos, un rincón donde el tiempo se contorsiona como una servilleta usada. Pido un cortado con mitad café y mitad duda y me siento en una mesa que cojea, como si el suelo mismo quisiera recordarme que nada está firme. La luz entra oblicua, titubeante, y en el aire flota un olor a tocino viejo y a páginas de libro de convento. Aquí, en este no-lugar, imagino y recuerdo, luego soy. Si estuviera en la mesa de al lado, garabatearía algo sobre la inutilidad de escribir y pediría un vermut. Yo, menos sofisticado, miro el cortado y dejo que las ideas se arremolinen. “Imagino y recuerdo, luego soy”, escribo en el borde de una servilleta, parafraseando a Descartes y traicionándolo. María Zambrano, en El hombre y lo divino , diría que imaginar es habitar el alma, ese espacio donde lo humano se encuentra con lo imposible. Recordar, en cambio, es un acto de invención: no rescatamos el pasado, lo creamos. En este café, un hombre de traje ga...













