Las buenas intenciones de la psicopatía
Las buenas intenciones tienen una lógica propia, y cuanto más altas se proclaman, más grave es la caída cuando chocan con los incentivos. El decreto de vivienda del Gobierno, el edicto de Diocleciano y la campaña de los gorriones de Mao son tres variaciones de la misma partitura, donde proteger al débil mediante mandato, termina estrangulando la oferta que lo sostenía. En 301 d.C., el emperador romano Diocleciano fijó precios máximos para más de 1.300 productos y servicios, con pena de muerte para quien los infringiera. El propósito era domar la inflación; el resultado fue la desaparición de mercancías, el auge del mercado negro y la parálisis del comercio, hasta que el edicto cayó en desuso hacia 305. Al suprimir la señal del precio, el Imperio suprimió la información que coordina la escasez; lo que no se puede vender a precio de coste, sencillamente no se ofrece. En 1958, Mao declaró la guerra a los gorriones dentro de la “campaña de las cuatro plagas”, donde se acusaba a las ...













