La conciencia compartida
En el año 2047, la Red Neuronal Compartida (RNC) prometía lo que ninguna droga, ninguna religión ni ningún amor habían logrado: la verdadera unión. Durante unas horas, dos o más mentes podían fundirse en un solo flujo consciente. Las sensaciones, recuerdos y pensamientos se entretejían como hilos de una misma tela. Al desconectarse, cada uno regresaba a su mismidad con ecos del otro, enriquecido y ligeramente cambiado. Al principio fue un lujo de la élite, de parejas que querían entenderse del todo, terapeutas que querían vivir el trauma de sus pacientes, artistas que robaban la inspiración de otros. Luego se puso de moda. Elena, neurofilósofa, fue una de las primeras. Con ella estaban Marco, programador ascético que odiaba su propio cuerpo; Aisha, compositora cuya música ya no le bastaba para expresar lo que sentía; y los gemelos Ravi y Priya, que desde niños habían soñado con ser uno solo. —Solo unas semanas —propuso Elena en la primera reunión—. Probamos la permanencia en fases...













