Sin sueños ni muerte
En aquel mundo nadie dormía y nadie moría. La humanidad, al vencer la muerte y el sueño, había logrado expulsar las dos grandes supersticiones metafísicas. Se acabaron las preguntas. La continuidad absoluta de la experiencia volvió el pensamiento plano. Antes, la gente despertaba y dormía, veía desaparecer a otros, perdía personas, sufría interrupciones. Por allí entraba lo desconocido. La distinción fenómeno/noúmeno quedaba superada por irrelevancia práctica. Todos nos acostumbramos a considerar el universo como una superficie exhaustiva: lo visible era lo real. Ya no existían puertas cerradas, ni siquiera metafóricas. Sin muerte, nadie desaparecía para convertirse en misterio. Sin sueño, nadie atravesaba regiones ilógicas donde el yo se fractura. Sin interrupción, no había exterior. Sin muerte y sin necesidad de dormir, cambiaron las bases psicológicas de lo que significa existir. Desapareció la urgencia, el amor, el arte, las decisiones e incluso el valor personal, todos ellos atrav...













