El yo como resistencia
La nieve cruje bajo mis pies mientras avanzo por las laderas de Peñalara, cumbre de la Sierra de Guadarrama. El viento helado enrojece mi cara y me recuerda la crudeza del temporal en estas alturas. Cada paso resuena en el silencio blanco de la montaña, interrumpido solo por el viento. Mientras asciendo, pienso en lo que Freud escribió en El malestar en la cultura : inicialmente, el yo lo abarca todo; posteriormente, se separa de él un mundo exterior. En las primeras etapas del desarrollo psíquico, el bebé es un solipsista que no distingue entre sí mismo y el entorno, un estado conocido como narcisismo primario, donde el yo lo abarca todo. Es con el paso del tiempo cuando las inevitables sensaciones de dolor y displacer nos persuaden y obligan a establecer hipótesis acerca de la existencia de fuentes externas de estímulos. Este pensamiento resuena en mí mientras estoy rodeado de blancura: el suelo blanco se funde con la niebla blanca en una especie de blancura universal onírica que enc...













