El credo y el abismo
Pienso que hay dos maneras de habitar la noche. La primera dice credo quia absurdum: creo porque es absurdo. Aquí la razón ha encontrado un límite y ha decidido saltar. Tertuliano no dijo exactamente esa frase. La historia se encargó de pulirla. Ante el escándalo de lo divino hecho carne, innecesario y gratuito acto para convencer a todos los Tomás del mundo, la inteligencia no negocia. Se arrodilla o se marcha. La segunda dice credo ut intelligam: creo para entender. Este es el comienzo. La fe no sustituye al pensamiento, le sirve de apoyo. Anselmo de Canterbury, heredero de Agustín, no busca comprender para creer, sino que cree para comprender. Observo que el quia es un acto de desprecio por las explicaciones pequeñas, penúltimas, arrogantes. El ut es un acto de paciencia que no exige que el misterio se disuelva, sino que se deje recorrer. La fe se convierte en método. Primero el asentimiento, después la larga tarea de comprender lo que se ha aceptado. Quizá ...













