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La arquitectura de Foucault

Foucault llegó a la conclusión de que el conocimiento nunca flotaba libre sobre el mundo. Cada verdad llevaba adherida una forma de vigilancia, una geometría silenciosa de puertas, diagnósticos y nombres escritos en expedientes amarillentos. Los hombres creían mirar la realidad con ojos transparentes, aunque detrás de cada mirada respiraba una época completa, un orden invisible que decidía qué podía decirse y qué debía permanecer oculto.  La razón aparecía entonces como una arquitectura. En las escuelas, en las cárceles, en los consultorios médicos, todos clasificábamos cuerpos y conductas con la paciencia de quien va organizando su propio jardín. El poder no descendía únicamente desde un trono lejano. Habitaba en las conversaciones, en los exámenes, en la costumbre de bajar la voz ante determinadas palabras. Caminaba junto a las personas hasta convertirlas en guardianes de sí mismas. La verdad no tenía el rostro puro de una luz eterna. Cambiaba con los siglos, con las institucione...

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