Vidas comprimidas, vidas expandidas
No hay poder más antiguo que el dominio del tiempo, aun cuando durante siglos se haya confundido con su simple medición. Relojes, calendarios y cronómetros funcionan como instrumentos de una ilusión compartida según la cual el tiempo aparece homogéneo, exterior y democrático. El tiempo que verdaderamente cuenta es el que se experimenta subjetivamente, no el que marcan los astros. La duración constituye ese espesor íntimo donde una hora puede abrirse como un abismo o cerrarse como un parpadeo. Bergson lo intuyó con claridad. Surge entonces la imagen de una sociedad estratificada por densidad temporal. Las élites viven siglos subjetivos. Cada día se dilata, cada instante se expande, cada experiencia se sedimenta con una profundidad a la carta. Su memoria se vuelve vasta, su deliberación lenta, su vida es extensa en acumulación de vivencias. Algunos atraviesan la existencia como una ráfaga, con semanas subjetivas comprimidas en años cronológicos. Viven rápido, sienten poco, rec...













