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Platón y San Agustín

No es coincidencia que Platón y san Agustín hayan terminado hablando, con siglos de distancia, de un mundo que no termina de ser el mundo. Platón, que desconfiaba de casi todo aquello que se presentaba ante los sentidos, debió de pensar que la realidad visible era una especie de borrador. Agustín, que había leído a indirectamente a Platón, conservó la sospecha.  Cree Platón que por encima de las cosas se encuentra el Bien, principio supremo, impersonal, casi como una luz que no necesitara lámpara. Cree Agustín, en cambio, que ese lugar no podía quedar vacío, allí estaba Dios.    Platón había imaginado que conocer era recordar. El alma, antes de ser encerrada en ese extraño accidente que llamamos cuerpo, había contemplado las Ideas. Después las olvidaba. De ahí que aprender consistiera, en cierto modo, en recordar lo que ya sabíamos. La filosofía era una operación de memoria, una especie de arqueología del alma. Agustín no aceptaba ese mecanismo. El alma no había vivido an...

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