Elogio de la inconstancia
Perseverar no es insistir, es recordar qué merece insistencia. Quien no duda de su propósito ya ha perdido parte de su libertad. La constancia es memoria del deseo antes de su corrupción. Se persevera mejor cuando uno sabe de qué debe desistir. La disciplina es una forma educada de fanatismo. N o se debe obedecer lo que un día nos pareció verdad y ahora no. La voluntad sostenida se convierte en cárcel si no deja entrar el aire de la duda. Quien se mantiene fiel a sí mismo suele ignorar cuánto ha cambiado. La tenacidad sin examen es una forma de pereza. El sentido de la vida no está en la razón, está en el deseo. Los enfermos depresivos no necesitan razones para vivir, solo necesitan deseos de vivir; y el deseo no se engendra con la hermenéutica ni con la voluntad. La constancia es el deseo de realizar aquello que ya no se desea; es la dictadura de un estado de conciencia pasado. ¿Por qué obedecer a un yo que ya no puede ilusionarnos? Muchos lectores han perdido el gusto por la lectura...













