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El wokismo como mal autoinmune

Una civilización que convierte sus propias virtudes en armas contra sí misma ha iniciado su declive. La tolerancia, el pluralismo y la autocrítica, esos dones delicados de la democracia liberal, se han vuelto contra el cuerpo que los engendró. Ya no distingue entre lo que la nutre y lo que la corroe; ataca sus propias células sanas con la misma furia con que antes repelía a los invasores. El activista combate, en nombre de la justicia, el único sistema que le permite exigirla. Vive de la libertad que denuncia, prospera bajo las reglas que pretende abolir y exige igualdad de un orden que, precisamente por ser imperfecto, aún puede escucharlo. Hay en esto una ingratitud ontológica que roza lo trágico.  Más enigmática resulta la alianza entre el progresismo radical y el islamismo político. Dos genealogías, dos cosmovisiones y dos concepciones del hombre que se contradicen en lo esencial marchan bajo la misma bandera, como si el enemigo común —Occidente— bastara para suspender la ley d...

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