Una teoría optimista del pesimismo


Costica Bradațan, filósofo rumano, se atreve a encender una vela por el fracaso. Su Elogio del fracaso: Cuatro lecciones de humildad es una invitación a sentarse y conversar con la derrota. No hay promesas de redención ni consejos de autoayuda, sino un paseo por los escombros de las vidas de Simone Weil, Mahatma Gandhi, E. M. Cioran y Yukio Mishima.  Escribe con la precisión y la melancolía de un poeta que ha perdido el último tren. Sabe que no va a convencer, que va a fracasar en esta tarea y, por eso, se resigna a inquietar. Cada capítulo es una puerta entreabierta hacia el abismo personal. Simone Weil, mística de la privación, se entrega al hambre y al dolor como si fueran amantes de una masoquista; Gandhi, con su obstinada fragilidad, convierte la no violencia y la suerte en un arma que descompone imperios ya descompuestos; Cioran, el insomne del absurdo, reza al revés, nostalgico del paraiso perdido; y Mishima, en un gesto final de teatralidad trágica, se inmola buscando su ultimo acto narcisista en el vacío. Estos fracasos son fracasos para los que miran, no para sus protagonistas. No son personas humildes, son muy ambiciosos y, por eso mismo, parecen fracasar. Pero el libro atrae, como un “preferiría no hacerlo” frente a la tiranía del triunfo. ¡Ay las victorias pírricas! El autor es un flaneur filosófico que pasea por los márgenes de la historia y recoge los fragmentos rotos de estas vidas. No hay cinismo en este libro. El verdadero arte no está en llegar, sino en perderse con estilo. 

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