Su música me hablaba con unas palabras extrañísimas. La verdad le parecía una mera construcción a partir de intereses seguramente falsos pero también inconfesables. En el momento en que comienzan a pasarle cosas interesantes, el diarista, se temía, simplemente deja de escribir. Aquel hombre escribía como si la autofragelación fuera a recompensarle con una mayor aquiescencia del lector. Afirmaba que cuando la ciencia abusa de la imaginación y de los dogmas ocultos se transforma en mala literatura. La mayor parte de las vidas no son más que plagio, decía; para intentar ser reales recurren a producir más eco en los otros. Se explicó tan mal en su novela que el personaje decidió desasirse del autor. Para comprender me destruí y no comprendí, me confesó. Todo fue debido a un imprevisible cambio de humor. Pero destacó la fortaleza del momento. Me premió solo por prestarle atención. A cambio, me despedí cortésmente.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Entradas populares
No tengo ningún temor por mi suerte. Papini.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
La certeza moral: de santos a demonios
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Novalis: la herida del ideal
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Inventario de amistades diluidas
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Personas sin principios y personas sin memoria
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones









