sábado, 20 de enero de 2018


Me cuenta Vila-Matas, que por lo visto hoy está muy influenciado por la fenomenología de Husserl, que la Bibliothèque invisible, de Stéphane Mahieu, reúne una detallada información sobre todo tipo de libros que no existen. Le atrae la idea de que quizás no haya en el mundo un sólo libro que sea original. No ha existido nunca la originalidad, que es tan sólo un puro y simple mito. Cuando decimos originalidad hablamos de una certidumbre de Platón para quien el mundo mismo es una copia. El realismo cree estar copiando lo real cuando en verdad sólo está copiando la copia de la copia de una copia. Llevaba razón Nietzsche, el eterno retorno de la gran variedad de lo mismo. El inconsciente plagia sin confesar su delito.

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Le digo que no entiendo por qué en Twitter el tratamiento de la política se hace siempre desde el sarcasmo.  La ironía se ha vuelto algo tan habitual, carente de gracia, chispa u originalidad que ese recurso tan complejo para un medio escrito solo da lugar a malos entendidos y a que todo se interprete desde la mala baba. Él me responde: ya habló el listo.

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Mis relatos... cuando los releo, me horrorizan. Son realmente malos. Y no solo malos, sino increíblemente convencionales, me dice Philip K. Dick. Estoy de acuerdo, le digo, lo que ocurre es que la modestia ensalza a la persona, nunca a su obra. Sin embargo, amigo, ser escritor maldito siempre beneficia a la difusión de una obra mediocre.

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Llevo años interesado en el arte sonoro, pero en los últimos meses esta afición comienza a ser obsesiva. Ayer, por ejemplo, asistí a una audición en una galería de arte contemporáneo de un tal Peter y no me acuerdo del apellido. El artista nos ofreció una interesante composición que realizó grabando el paso del viento por cada uno de los diez árboles que tiene en el jardín de su casa. Tras la audición, magnífica y un poco melancólica, los siete asistentes tuvimos una larga charla y decidimos, acaso imbuidos de un cierto espíritu melodramático, resaltar la actuación estelar que para nosotros había tenido el protagonista, salix babylonica, el sauce llorón.



sábado, 13 de enero de 2018

Debussy, Borges, Protágoras, Aramburu y Horacio

Barenboim: «Debussy alteró el curso de la historia de la música europea acuñando una nueva concepción del color». Hay color en El mar y mucho ruido en el Guernica.

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Admiro a Protágoras. En el diálogo homónimo de Platón puso en muchos aprietos a Sócrates, una de las pocas veces en que este salió derrotado, al menos en la pura dialéctica. Pero en el fondo ganó Sócrates porque intuía que existe el Bien, aunque solo pudiera percibir el bien, sin confundirlo con aquel. El sentimiento de absoluta dependencia, el recuerdo de un paraíso perdido y la esperanza del regreso le llevaron a pensar en algo desconocido como medida de todas las cosas. Sé lo que no es, pero no sé lo que es. Me gusta escuchar tras el velo.

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La Academia Sueca ha desvelado el informe del Nobel de 1967: Borges era «demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura»; tampoco les gustó «la tendencia nihilista y pesimista sin fondo de la obra de Samuel Beckett», aunque al final el irlandés se llevaría el premio en 1969 y Borges moriría sin necesitar el voluble reconocimiento del club.

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«Creo que las autoridades educativas harían bien en introducir clases de soledad en los colegios. Serían económicas. Ni siquiera precisarían de personal docente especializado. Aprender a estar a solas y en silencio con los propios pensamientos es un arte que no todo el mundo domina», dice Fernando Aramburu. Todo el mundo huye de semejante estado calamitoso y rellena su agenda de frivolidades divertidísimas. Así no me extraña.

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A veces el hablar solo se hace con difuntos. En mi caso, murieron hace más de dos milenios. No creo que me escuchen. Non omnis moriar. «No moriré del todo» (Horacio, Odas, 3, 30, 6). La vida del artista se prolonga en el tiempo solo por la sombra que proyecta su luz.



miércoles, 10 de enero de 2018

Septem #1

Los sabios son malos profesores porque no entienden la ignorancia de los demás, dice Savater. Los que creen entender de todo no entienden a los demás.

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Uno debe subir todos los peldaños, pero, cuando al fin no hay peldaños, hay que dar el salto. El proceso discursivo ortodoxo conduce a callejones sin salida que solo superan los saltimbanquis del dogma. Solo hay que saber maquillarlos.

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Como el de todos los monarcas, el testamento de Isabel 'La Católica' es muy extenso. Deja encargado, por ejemplo, que se den ciertas cosas a su servicio, a los que la habían atendido y a gente cercana a ella. Los indígenas del Nuevo Mundo también salían bien parados en el testamento firmado en Medina del Campo ya que los considera «súbditos libres con los mismos derechos que los de aquí». Las leyendas son grises.

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En una desierta, bonita y limpísima catedral mudéjar de Guadalajara, hojeo sentado en un banco el Hyperion, de Hölderlin: «De la pura inteligencia no brotó nunca nada inteligible, ni nada razonable de la razón pura», que se lo digan a Hegel o a su nuevo seguidor, Vila-Matas. Al menos duda entre qué es lo primero, si cambiar el mundo de Marx, o cambiar al hombre de Rimbaud. «Me avergoncé de haber sobrevalorado el juicio del público», y no sé por qué pienso en que eso no se lleva muy bien con la defensa a ultranza del libre mercado. «El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona», de ahí viene el existencialismo decepcionado. Esperanzado en llegar a la nada, no necesita creer en la inmortalidad del alma, solo es un paraíso diferente. «La vida consiste en la alternancia entre el desarrollo y el repliegue, una huida y vuelta a uno mismo».

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Lo saludable es leer a Murakami.