Origen y presente, Jean Gebser


La conciencia humana no ha avanzado por una línea recta de perfeccionamiento. Lo ha hecho mediante mutaciones profundas que alteran la manera de habitar el tiempo, el espacio y la realidad. El origen no es lo que quedó atrás, es aquello que sigue operando, muchas veces invisiblemente, dentro de cada forma histórica de pensamiento.

Gebser distingue varias estructuras de conciencia: arcaica, mágica, mítica, mental y, como posibilidad, integral. No son escalones, son capas que persisten. La racionalidad moderna no ha eliminado el mito ni lo arcaico, pero los ha reprimido, desplazado o disfrazado. Por eso las crisis contemporáneas no pueden explicarse solo mediante causas materiales. Cuando una cultura pierde la capacidad de integrar sus dimensiones simbólicas, corporales y espirituales, regresan los síntomas perniciosos.

La estructura mental ha sido extraordinariamente fecunda. Nos dio la ciencia, la crítica, la autonomía individual y la posibilidad de distinguir. Pero Gebser advierte contra su patología. Porque cuando la razón se convierte en la única autoridad legítima, reduce el mundo a objeto, la experiencia a dato y el sentido a utilidad. La perspectiva, que fue una conquista, se vuelve una prisión. Ya no vemos desde una perspectiva y creemos que la nuestra es el mundo.

Frente a ello, la conciencia integral no supone renunciar a la razón, sino devolverla a su lugar. Es una forma de pensar capaz de reconocer sus propios límites, de escuchar el mito sin caer en el fanatismo y de aceptar la ciencia sin rendirse al reduccionismo. Gebser la llama “aperspectival” porque no se identifica con ninguno hasta creer que es el único posible. 

El título del libro contiene, así, su filosofía entera. Comprender el presente exige reconocer en él al origen, las supervivencias del pasado, las posibilidades aún no realizadas del futuro y aquella dimensión de realidad que ninguna época agota. Pensar, para Gebser, es hacer suficientemente profundo el ahora para que lo originario pueda comparecer en él. Solo quien reconoce el origen, sugiere, posee verdaderamente un presente.

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