De lo que los poetas aprenden de los filósofos


Escribe Antonio Machado en su Juan de Mairena que 

Los poetas pueden aprender de los filósofos el arte de las grandes metáforas, de esas imágenes útiles por su valor didáctico e inmortales por su valor poético. También pueden aprender a conocer los callejones sin salida del pensamiento, para salir —por los tejados— de esos mismos callejones; a ver, con relativa claridad, la natural aporética de nuestra razón, así como a ser tolerantes y respetuosos con quienes la usan del revés". 

La filosofía, después de todo, no es más que una manera laboriosa de llegar a ciertas imágenes. Los filósofos han dedicado siglos a levantar edificios destinados a demostrar que una puerta existe. Los poetas, en cambio, entran por ella sin comprobar si está abierta. El poeta necesita del filósofo no tanto sus respuestas como sus callejones sin salida. Es saludable conocerlos. Hay algo pedagógico en extraviarse por un laberinto. 

Por eso los poetas deberían estudiar filosofía, aunque solo fuera para aprender a desconfiar de las soluciones. La filosofía enseña, entre otras cosas, que la razón posee una admirable tendencia a fabricar trampas con los mismos instrumentos que emplea para salir de ellas. 

Una buena metáfora es aquella que continúa pensando después de que nosotros hemos dejado de pensar en ella. 


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