Agnes Callard



Mi vida habita una serie de contextos. En unos pienso, en otros trabajo, en otros amo. Cada espacio tiene su temperatura moral, sus silencios, sus reglas y hasta su propia versión de mí. No soy la misma persona en el aula que en la mesa familiar, ni en una conversación íntima que ante un desconocido. Ahora tengo la impresión de que muchas de las paredes han desaparecido.

La teoría del unicontexto de Agnes Callard habla de la conversión del mundo en una única habitación universal donde todos los acontecimientos, todas las personas y todas las normas parecen estar simultáneamente presentes. Todo llega a mí con la misma proximidad aparente. Quizá uno de los efectos más profundos del unicontexto sea que ya no nos permite estar simplemente al margen. 

Este mundo común privilegia ciertas emociones. Las malas noticias circulan con mayor facilidad que las buenas, quizá porque el dolor es más fácilmente universalizable que la felicidad. Por eso tengo a veces la sensación de que el mundo digital está moralmente inclinado hacia la indignación. 

No quiero idealizar el pasado. Las habitaciones antiguas también podían ser cárceles. El contexto local protegía la intimidad, pero podía ocultar abusos. Las comunidades cerradas proporcionaban pertenencia, pero también imponían jerarquías y silencios. 

Lo que deseo no es recuperar las paredes, sino aprender a abrir y cerrar las puertas. En un mundo que me ofrece la totalidad a cada instante, quizá la libertad consista en recuperar la capacidad de estar verdaderamente en un solo lugar.

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