La fama y la adoxia


Doxa en filosofía es “opinión”, un saber aparente, sin garantía absoluta, opuesto a la episteme, el conocimiento verdadero. Adoxia es la ausencia de fama, de buena reputación. Pero también el anonimato, no estar investido de esa doxa positiva. Para el estoocismo, riqueza, poder, fama o su ausencia son indiferentes. No son bienes morales, aunque puedan ser “preferidos” o “no preferidos”. La fama es peligrosa si alimenta la vanidad, la soberbia, el orgullo; la adoxia, si deriva en resentimiento o desprecio del mundo o de los demás. Psicológicamente, la adoxia tiene la ventaja de protegerte frente a la servidumbre de la opinión ajena, la tiranía del prestigio, el narcisismo. Pero una fama bien llevada, subordinada a la obra y no al ego permite que lo que haces tenga mayor alcance y eficacia pública. La clave no es elegir fama o adoxia como ídolos opuestos, sino que la obra sea más grande que el nombre, y el carácter más sólido que la imagen. Si la fama llega, soportarla sin perderte; si no llega, que la adoxia no te convierta en misántropo. La fama hace ruido; la adoxia hace eco. La primera llena los oídos, la segunda la conciencia. La fama te vuelve visible para los otros; la adoxia te vuelve visible para ti mismo. En la fama temes caer; en la adoxia temes no existir. La fama promete inmortalidad en boca ajena; la adoxia ofrece libertad en silencio propio. La fama te presta nombres que no eres; la adoxia te obliga a ser sin nombres. En la fama corres el riesgo de ser más personaje que persona; en la adoxia, más espectro que sujeto. La fama multiplica tus gestos, pero no tu valor; la adoxia concentra tu valor, pero no tus gestos. La fama seduce al narciso; la adoxia seduce al resentido. La fama hincha el yo hasta hacerlo frágil; la adoxia lo reduce hasta hacerlo invisible. La fama te pide que actúes incluso cuando no tienes nada que decir; la adoxia te deja pensar incluso cuando nadie te escucha. Hay fama que ilumina la obra y fama que la eclipsa; hay adoxia que protege la obra y adoxia que la condena al olvido. La fama te da escenario; la adoxia, habitación. La fama hace que tu nombre corra más que tus ideas; la adoxia obliga a que tus ideas caminen sin muletas. La fama te empuja a ser memorable; la adoxia a ser auténtico. En la fama los otros te sobrevaloran; en la adoxia te subestiman. La fama es un contrato con la multitud; la adoxia, un pacto con el anonimato. La fama celebra lo que pareces; la adoxia, lo que insistes en ser aunque nadie lo celebre. 

Entradas populares