La docta ignorancia
Buscaba una excusa adecuada para no saber. A cierta edad uno empieza a sospechar que la erudición es solo otra forma de disfrazarse. Cayó entre mis manos La docta ignorancia de Nicolás de Cusa. No recordaba que ese cardenal del siglo XV me hubiese estado enviando postales desde el borde mismo de lo incomprensible: “saber es saber que no sabes”. Leyendo sus páginas, sentí algo parecido al vértigo que experimentamos algunos cuando descubrimos que nuestra biblioteca mental está agujereada como un queso suizo, y que los volúmenes que creíamos tener bien ordenados se escapan, se evaporan y se ríen de nosotros por lo bajo. Porque Cusa percibía la sombra finita de lo infinito. Por eso afirmaba que cuanto más nos aproximamos al conocimiento, más palpable se vuelve esa niebla que se interpone entre la verdad y la vida. Yo, que nunca he sido especialmente hábil para retener definiciones, me encontré celebrando esa niebla, como si en ella pudiera esconderme de las exigencias del mundo. En cambio, Cusa proponía que la inteligencia que se reconoce limitada se expande más que la que presume plenitud. Un pensamiento que Sócrates habría aplaudido. Esa invitación a caminar más allá de la erudición, hacia un territorio donde los libros se escriben solos y el autor es apenas un testigo perplejo. Leí entonces que, para Cusa, Dios, lo absoluto, lo innombrable, no es lo opuesto al mundo, sino una especie de broma metafísica que nos dice que solo en lo contradictorio empezamos a intuir lo verdadero. ¿Y no es eso, en el fondo, lo que sucede cuando uno intenta escribir, cuando cree uno acercarse a una idea para descubrir que cuanto más la persigue más se bifurca, más se oculta en sí misma, como un gato cuántico cansado de ser observado? Como me suele pasar, cerré el libro con un sentimiento de derrota jubilosa. Me gusta el sabor de esa derrota, que me invita a dejar de pensar para seguir divagando. En ella reconozco que la biblioteca entera del mundo cabe en un hueco confortable del no saber. Seguimos perdidos, pero qué importa eso si en este rincón la chimenea aún sigue encendida.










