La “mirada Gen Z"



Me detuve, como hago diariamente, en los post de X del psiquiatra Pablo Malo, siempre tan interesantes y curiosos, En uno de ellos hablaba sobre la llamada “mirada Gen Z": 

"No me había enterado de que existiera la mirada GenZ, pero parece que es un fenómeno real y bastante comentado desde 2025. Se trata de una expresión facial neutra, sin sonrisa, con mirada fija e inexpresiva que muchos jóvenes de la Generación Z usan en selfies, vídeos y en interacciones cotidianas. Para las generaciones anteriores suele parecer desinterés o incluso grosería, pero para ellos es una forma natural de presentarse: directa y sin forzar emociones. Según la psicóloga Tara Well en este artículo de Psychology Today, esta “mirada en blanco” funciona como protección emocional para evitar parecer demasiado entusiastas o quedar en una situación incómoda y vergonzosa (lo que los jóvenes llaman “cringe”), como rechazo a la cultura de sonreír siempre para la cámara de generaciones previas, y como consecuencia de haber crecido saturados de contenido digital, lo que genera cierta fatiga emocional y preferencia por la autenticidad cruda en lugar de poses pulidas. En resumen, no sería solo un meme, sino un cambio generacional en cómo se regulan las emociones y se muestran en un mundo de exposición constante".

Conozco esa mirada neutra que exhibe mi sobrina, fija, casi pétrea, que parece haber decidido no participar en el viejo teatro de las emociones visibles. 

Me interesó tanto la descripción como la sospecha de que ahí hay menos una moda que una retirada estratégica, como si toda una generación hubiera comprendido que el entusiasmo es hoy una forma de exposición peligrosa. 

Pensé entonces en las fotografías antiguas, donde nadie sonreía porque el tiempo de exposición era largo y la vida, quizá, más breve. Aquellos rostros serios no eran una pose porque partían de una imposibilidad técnica. Ahora, en cambio, la inexpresividad es una elección, un gesto deliberado para no dar nada que pueda ser convertido en meme, en burla, en ese juicio instantáneo que ellos llaman, con precisión quirúrgica, “cringe”.

Tal vez esta mirada en blanco sea una ausencia o una forma extrema de conciencia. Me pregunté, mientras cerraba la aplicación, si esta neutralidad no es, en el fondo, la última máscara posible de una época, o si no será la primera forma visible de una nueva cortesía negativa que consiste en no invadir al otro con la propia emoción.

Desde entonces, cuando veo esas miradas neutras, ya no pienso en desinterés. Pienso en lo inquietante que resulta que una generación haya aprendido tan pronto la lección bastante discutible que cree que mostrarse es arriesgarse a perder. 


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